Islas Canarias

14 cosas que ver en Lanzarote, la tierra del fuego y los mil volcanes

Una tierra donde cada paisaje es único e inigualable, donde las texturas, colores y sensaciones se entremezclan para dar lugar a la experiencia.

La lanzaroteña Marta Purriños nos da la bienvenida a su hogar, compartiendo con nosotros sus lugares favoritos que ver en Lanzarote, la pequeña Islandia de Canarias. “La isla es el arte que respiro por cada poro de mi piel, sus volcanes y su característico color rojo hacen que la inspiración brote de mis dedos”, nos cuenta. La acompañamos en una ruta por este paraíso conejero que desprende misterio y que guarda todos sus secretos bajo tierra.

1. Despierta cada mañana en un paraíso tropical

Boquiabierto. Así se queda uno tras pasar por las puertas del Princesa Yaisa Suite Hotel Resort, ubicado en Playa Banca, al sur de la isla. Un aroma a trópicos con fuerte sabor a sal marina inunda tus sentidos como si estuvieses en La Geria, uno de los mayores atractivos de la isla por su imponente paisaje de ceniza volcánica.

Quizás la clave del éxito del alojamiento es que te hace sentir como en casa; aquí todo puede pasar y sentir es primordial para una experiencia sensorial de lujo. Su arquitectura tradicional te recuerda al gran maestro César Manrique y la exuberante variedad de vegetación que inunda las zonas comunes te envolverá para que no quieras irte nunca.

Princesa Yaiza Suite Hotel Resort

Entre los mejor valorados
Playa Blanca
9.5 Excelente (7002 Opiniones)

2. Respirar cenizas en el Parque Nacional de Timanfaya

El Parque Nacional de Timanfaya es, sin lugar a dudas, la parada obligatoria que deberás hacer para poder sentir la magia, la fuerza y el poder de la naturaleza en la isla. Representa la mejor muestra de hábitat volcánico apenas colonizado por la vegetación. ¡Es un auténtico laboratorio de investigación para todos los curiosos amantes de la naturaleza!

3. Admirar los caprichos de la naturaleza en Los Hervideros

Al suroeste de la isla econtramos Los Hervideros, un enclave que consigue resumir el encanto único y salvaje que Lanzarote rezuma. Lo que más te impresionará será la forma tan caprichosa que existe en este pequeño rincón en forma de acantilado. Increíbles cuevas y “bufaderos” han tomado forma aquí gracias a la erosión continua y abrupta del mar. ¡Todo un espectáculo para el visitante! Además, es un planazo si visitas Lanzarote con niños; quedarán fascinados.

4. Descubrir Papagayo, la joya del sur de la isla

Coger una bicicleta en Playa Blanca, localidad en el municipio de Yaiza, y recorrer los cinco kilómetros de costa hasta llegar a Papagayo, la última de las playas casi vírgenes que posee esta área, te hará sentir en paz y armonía con el entorno. Sus aguas cristalinas y su arena casi transparente son los atributos más característicos de esta calita que está en el auténtico paraíso.

5. Dejarse salpicar por la adrelina en Famara

El Atlántico y la temperatura estable y cálida de la que goza la isla propician las condiciones perfectas para poder disfrutar de todo tipo de actividades al aire libre en cualquier momento del año. Si la naturaleza y los deportes acuáticos te apasionan, añade Caleta de Famara a tu lista de “qué ver en Lanzarote”.

Nos hallamos en una de las mejores playas para practicar surf en Canarias. Aquí, tú y tu tabla seréis los protagonistas. También puedes admirar el espectáculo de las olas desde la orilla, si prefieres, y dejarte sorprender por el efecto espejo que deja el mar sobre la arena o pasear entre las casitas blancas del pueblo.

6. Todo sobre la arquitectura de César Manrique

La Fundación César Manrique, ubicada en Tahiche, Costa Teguise, atesora el arte en todas sus vertientes del maestro César Manrique, creador de la conservación del territorio canario y su inmobiliario. Aquí se encuentra la casa-museo del arquitecto, donde se proyectan documentales sobre la vida del artista y su obra. La fundación es muy buen ejemplo de que conseguir un equilibro perfecto entre urbanismo y desarrollo sostenible es posible. Un concepto promulgado por todos a día de hoy pero por el que Manrique, gran visionario, abogó hace décadas.

7. Palpitar y sentir la magia de Lanzarote en Tinguatón

Uno de los lugares más impresionantes que he visto jamás en Lanzarote (y ya es decir) es Tinguatón. A este pequeño pueblo de Tinajo se lo conoce como la “Sima del Diablo“. Se halla dentro del marco del Parque Nacional de Timanfaya, justo a escasos kilómetros de Mancha Blanca y a aproximadamente un kilómetro al norte del volcán Pico Partido.

8. Inmortalizar los colores imposibles de El Golfo

Estés donde estés, los volcanes siempre te van a acompañar en tu visita a Lanzarote. Juegan a esconderse entre formas, texturas y colores que te dejan sin aliento. Los tonos del cráter y del paisaje rojizo de El Golfo junto con el color verde del Charco de los Clicos son el cóctel visual perfecto para tomar increíbles fotografías de esta Reserva Natural. El charco debe su nombre al color de las algas que habitan en su superficie desde las varias erupciones acontecidas en 1730; es uno de los escasos y raros ejemplos de hidrovulcanismo.

9. Descubrir la versión más salada de Lanzarote

¿Te imaginas más de cien hectáreas de sal de diferentes tonos, que varían del rosa al marrón? Esa es la magia de las Salinas de Janubio, que se extienden hacia el océano Atlántico y que siguen activas a día de hoy gracias a que se consideran Espacio Natural Protegido. Como bien dijo el cantautor Eduardo Perdomo, “cuando las salinas están en plena producción son un espectáculo de de la naturaleza”.

10. Perderse por un pueblo sin asfalto

En tu visita a Lanzarote no debes dejar pasar la oportunidad de ir hasta Órzola, en el norte, para agarrar un ferri que te llevará a La Graciosa, considerada la octava isla de las Canarias. Nada más llegar, el puerto y sus calles sin asfaltar te encandilarán. Luego lo harán sus casas de color blanco y sus puertas de un color azul muy característico. ¡Este lugar es pura fotogenia! El ritmo de vida aquí es muy diferente; aprovecha para quedarte a comer y entablar conversación con los vecinos para empaparte de la filosofía isleña.

11. El arte y los sonidos de Lagomar

Para mí, el Museo Lagomar es un nuevo concepto entre arquitectura, escultura y música. En palabras de César Manrique, “un nuevo lenguaje arquitectónico se abre ante nuestros ojos para expandir y endulzar nuestra mente”. Esta antigua casa convertida hoy en un majestuoso museo, que en su día fue propiedad del actor Omar Sharif, se alzó con las rocas que yacían en la cantera volcánica desde sus orígenes. Aquí uno se pierde entre cuevas de lava naturales, su bar con música en directo y una interesante galería de arte.

12. Averiguar los secretos de la Cueva de los Verdes

Esta maravillosa localización en el municipio de Haría se asienta en el techo de un tubo volcánico por el que corrió la lava procedente del volcán de la Corona, al norte de la isla. Dicen los expertos que tras tu visita descubrirás el secreto que guarda celosamente la cueva. Sin duda, es un espacio único en todo el mundo y un punto clave a visitar en la isla (¡no todo iban a ser playas en Lanzarote!)

13. Un jardín donder ver (y comer) cactus

El Jardín de Cactus en Lanzarote acoge más de diez mil especies distintas y representa, a su vez, un magnífico ejemplo de intervención arquitectónica integrada en el paisaje conejero. Ésta ubicado en la localidad de Guatiza, en el centro de un entorno agrícola caracterizado por las extensas plantaciones de tuneras dedicadas al cultivo de la cochinilla. ¡No te vayas sin probar las hamburguesas de cactus que sirven en el bar!

 

14. Caer rendido a los pies de Arrieta y su encanto

Si de encontrar el paraíso se trata, este bonito pueblo costero situado al norte de Lanzarote, en el municipio de Haría, te hará sentir como si estuvieses en el mismo Caribe. Surfistas y “bugueros” (como se conoce a los practicantes de bodyboard por estos lares), gozarán de más de tres kilómetros de playa de arena blanca, olas ponientes y vientos alisios que favorecen la realización de estos deportes. ¿Dónde comer en Arrieta? Acércate a probar el pescaíto frito y fresco del restaurante El Charcón, mi favorito.